Cada cuatro años, en la antesala de una nueva Copa del Mundo, reaparece una polémica que pretende ensombrecer la historia de la Celeste: ¿por qué Uruguay lleva cuatro estrellas en su camiseta? ¿Los torneos olímpicos de 1924 y 1928 pueden equipararse a campeonatos mundiales máximos? Arrighi ofrece una respuesta tan apasionada como rigurosa. En una época marcada por la liviandad de los comentarios y las opiniones sin sustento, la sólida argumentación del libro desarma las versiones de quienes buscan reescribir la historia del fútbol a su conveniencia.